1.- Introducción.
El origen de los perales cultivados en Europa se remonta a tiempos muy remotos, probablemente entre 1.000 y 2.000 años a.C. Esta fruta es nativa de las regiones de Europa oriental y de Asia occidental.
Los griegos y los romanos conocían el cultivo del peral y fueron éstos últimos, los que introdujeron su cultivo en la Península Ibérica desde la Cuenca del Ebro.
En Canarias, la introducción del cultivo del peral fue temprana, comienzo del siglo XVI, tras la incorporación de las islas a la Corona de Castilla.
La gran adaptación de los perales a los distintos suelos y ambientes de las islas, y las diversas formas de consumir su fruta (en fresco, secas, en potajes, almibaradas, etc.), hicieron que las peras se convirtieran pronto en una de las frutas más cultivadas, consumidas y apreciadas en las islas.
Desde un principio los perales no sólo ocuparon los bordes de los huertos que se dedicaban al cultivo de cereales o leguminosas, sino que también se establecieron como cultivos principales.
Estos cultivos tuvieron un mayor destaque en la islas de realengo (Gran Canaria, La Palma y Tenerife), ya que también es estas islas se cultivaba la caña de azúcar; y junto con las peras elaboraban dulces confitados de dicha fruta.
Sin lugar a duda, podemos saber la gran afluencia del este cultivar gracias al escritor Viera y Clavijo que su Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias, nombra 17 variedades diferentes de peras cultivadas en las islas en el siglo XVIII (más variedades incluso que de viñas). Tales como: monciña, sanjuanera, cermeña, bergamota, moscatel, calabazate, pierna de monja, colorada, parda, real, reina, manteca, higo, pan o paneta, de invierno, aguachenta y buencristiano.
2.- Botánica de cultivo.
Especie: Pyrus communis L.
